domingo, 22 de enero de 2012

CAPRICHOSA

  Cayó la noche levantandose la luna, los oxidados engranajes chirriando en su intento de arrancar, en vano, su alma deambula en el crepúsculo de la habitación, descansa agachada en un esquina mientras dibuja círculos con el dedo corazón en la moqueta, todo para nada o nada por todo, las paredes le hablan sobre el eco de sus recuerdos, la tenue luz del flexo le indica el camino a seguir, pero él es consciente de que solo no puede avanzar, aun así prueba suerte una y otra vez, cayendo al suelo, derribado. "¿Donde estas maldita?"
se pregunta noche tras noche, vuelve a intentarlo, desenfunda con maestría su arma, su única amiga en tiempos de soledad, la observa deslumbrante, teme, pues sabe que se encasquillara en el peor momento, las macabras sombras dibujadas sobre su reflejo en el cristal ríen a su costa,se nublan sus esfuerzos; él la llama a gritos en su silencio, pero una vez mas, ella caprichosa no se digna a aparecer, hace girones, tachones, destroza sus ideas, para nada, joder, para nada, "me has abandonado, tú, que me juraste amor eterno, me has dejado solo..., que tanto me has dado, me has dejado en este desierto que es LA NADA" regresa a su esquina, como el preso al patio de recreo, cabizbaja de nuevo su alma deja caer una lágrima que lo inunda todo, se esta ahogando, se esta ahogando y nadie le ayuda, arrastra sus sueños la marea, y lo que parece un viaje sin fin encuentra su destino, una cascada de desesperanza, pero entonces, en ese preciso instante, todo se ilumina, brillante, esplendido, las tétricas sombras dibujan ahora siluetas de esbeltas mujeres que danzan a su alrededor, el sonríe aún temeroso, separa de su pecho la barbilla, ¡alli esta ella!, tan dulce, tan perfecta como la que mas, como la única, todo dura una mínima fracción de segundo, pues ella, acaricia suave su pecho y quedan fundidos en un mismo ser, sus ojos se  iluminan como faros, los engranajes giran a una velocidad indescriptible, armado de valor, ahora, amartilla su arma, sabe que el bolígrafo por fin no se encasquillara, "es tu turno" susurra sin mover sus labios, ella es dueña de su cuerpo por fin, él solo se deja llevar, fluye, le hace sentir lobo, un hombre loco su capricho, se siente capaz de hacer tinta de las lágrimas del mismísimo hades, el miedo se disipó, así que pasa las horas seduciendo al folio, y cuando termina, ella se despide con un beso, hasta la próxima, o quizás hasta nunca, la deja elevarse, llevándose con ella la luz, ya no importa, el idílico paisaje que ha sembrado sera la semilla de su recuerdo por un tiempo, "adiós, dulce MUSA, ¿volveré a verte pronto?", pero ella, muda, sonríe y desaparece.

(Alberto Rodriguez De La Cruz)

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