jueves, 19 de enero de 2012

 Salió del bar arrastrando su ego por el suelo calle abajo, maldiciendo a las cucarachas, su aliento inflamable marchitaba los geranios. Vestigio caminante, pasmado, perdido en la intrascendencia de un tiempo y un espacio que dejaron al azar el guion de su vida. Cuando sale, el sol dispersa su murria los primeros tres minutos de la mañana, luego la hace mas visible. Enseña a los perros callejeros a hablar latín, lo intenta.
 Cada primavera le hace mas daño, le roba mas color, le duelen las horas, sobre todo las una. Le teme a las tinieblas que acompañan cada parpadeo, por lo que se le pueda escapar en tan ridícula fracción... Persigue sombras, huye de la suya propia, se asoma a los espejos,-!Ese no soy yo¡-. Busca algo que echarse a la boca, aunque sea un anzuelo, no anda con prisa, no llega tarde a ningún sitio, nadie le espera.
...!Tiene alas¡... !tiene alas y vuela¡... coge altura, ríe por fin, mira desde arriba, observa los continentes, los océanos, los desiertos, las pirámides, los hombres atrincherados en cemento y burocracia, lejos de las miradas, ahora es un punto en el cielo, guía veleros, completa una constelación. -!Así si quiero¡ !así si quiero ser eterno¡.
De repente, luz, frío, realidad, el mundo sigue su función, el sueño dejó en el aire ecos de vidrio estrellándose contra el suelo, suspira , recoge sus bártulos, una manta, su alma y un cartón de vino, y sale del cajero arrastrando su ego por el suelo calle abajo.

VESTIGIO CAMINANTE
(Jose Daniel Rueda)

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